La soledad elegida y la que nos elige

La soledad elegida y la que nos elige

“Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo. Todo hombre es un pedazo del continente, una parte de la totalidad” [John Donne]

Mejor solo que mal acompañado dice el dicho, pero la soledad es una actitud muy mal vista, los seres humanos son ante todo seres sociales y primitivamente no se puede comprender el deseo de otro miembro del clán de estar lejos del grupo.

Como bien se dice, hay dos tipos de soledad, el estar aislado de otras personas y el sentirse solo. Pero hay un mundo de diferencias entre ambas, la soledad no elegida es un estado negativo, duro, caracterizado por una desagradable sensación de aislamiento, uno siente que algo falta. La soledad elegida es el estado de estar solo sin sentirse solo. Es un estado positivo y constructivo. Es un momento que se puede utilizar para la reflexión, el crecimiento o el goce de algún tipo. Así por ejemplo la lectura requiere soledad profunda, el pensamiento y la creatividad por lo general también. Es un medio de disfrutar de la tranquilidad, es algo que cultivamos, una oportunidad para renovarnos. Cultivar una sana soledad, es más que estar solo, es estar con uno mismo, algo para lo cuál no nos damos tiempo. Algo que se llama habitualmente introspección.

Todos necesitamos momentos de soledad, aunque según nuestro temperamento esa cantidad de tiempo “para nosotros” difiere. En nuestra sociedad, donde los extrovertidos constituyen las tres cuartas partes de la población, ser solitario está catalogado de forma negativa. Contrariamente a la creencia popular, no todos los solitarios tienen un miedo patológico a las relaciones sociales. “Algunas personas simplemente tienen una baja necesidad de afiliación,” dice Jonathan Cheek, psicólogo en el Wellesley College. “Hay una división muy grande entre el solitario por preferencias y el solitario forzado.” Una tendencia a la soledad podría reflejar una mezcla de tendencias innatas y experiencias, tales como no tener muchos amigos en la infancia o crecer en una familia que valora la privacidad.

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