La soledad elegida y la que nos elige

La soledad elegida y la que nos elige

“Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo. Todo hombre es un pedazo del continente, una parte de la totalidad” [John Donne]

Mejor solo que mal acompañado dice el dicho, pero la soledad es una actitud muy mal vista, los seres humanos son ante todo seres sociales y primitivamente no se puede comprender el deseo de otro miembro del clán de estar lejos del grupo.

Como bien se dice, hay dos tipos de soledad, el estar aislado de otras personas y el sentirse solo. Pero hay un mundo de diferencias entre ambas, la soledad no elegida es un estado negativo, duro, caracterizado por una desagradable sensación de aislamiento, uno siente que algo falta. La soledad elegida es el estado de estar solo sin sentirse solo. Es un estado positivo y constructivo. Es un momento que se puede utilizar para la reflexión, el crecimiento o el goce de algún tipo. Así por ejemplo la lectura requiere soledad profunda, el pensamiento y la creatividad por lo general también. Es un medio de disfrutar de la tranquilidad, es algo que cultivamos, una oportunidad para renovarnos. Cultivar una sana soledad, es más que estar solo, es estar con uno mismo, algo para lo cuál no nos damos tiempo. Algo que se llama habitualmente introspección.

Todos necesitamos momentos de soledad, aunque según nuestro temperamento esa cantidad de tiempo “para nosotros” difiere. En nuestra sociedad, donde los extrovertidos constituyen las tres cuartas partes de la población, ser solitario está catalogado de forma negativa. Contrariamente a la creencia popular, no todos los solitarios tienen un miedo patológico a las relaciones sociales. “Algunas personas simplemente tienen una baja necesidad de afiliación,” dice Jonathan Cheek, psicólogo en el Wellesley College. “Hay una división muy grande entre el solitario por preferencias y el solitario forzado.” Una tendencia a la soledad podría reflejar una mezcla de tendencias innatas y experiencias, tales como no tener muchos amigos en la infancia o crecer en una familia que valora la privacidad.

Amanda Guyer, psicólogo de los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda, Maryland, ha encontrado que las personas con más tendencia a estar solas resultan ser más sensibles a todo tipo de interacciones emocionales y estímulos sensoriales, lo que significa que suelen encontrar placer donde otros no lo hacen. Los resultados Guyer sugieren que los introvertidos pueden ser más sensibles a todo tipo de experiencias positivas. Las investigaciones realizadas por psicoterapeuta Elaine Aron confirman la corazonada de Guyer, demostrando que las personas solitarias suelen tener una agudeza sensorial muy alta. Debido a que los solitarios son buenos en captar las sutilezas, están bien adaptados para las carreras que requieren una estrecha observación, como la escritura y la investigación científica. No es de extrañar que famosos solitarios de nuestra historia incluyan a personajes como Emily Dickinson, Stanley Kubrick, o Isaac Newton.

Al contrario que la impuesta, la soledad deseada proporciona una sensación cercana a la libertad que, a su vez, puede inspirar el sosiego necesario para sobrellevar el estrés de la vida diaria.

Y es que el sentimiento de soledad es uno de los más difíciles de sobrellevar. El ser humano es, por naturaleza, social, necesita de los otros para establecer relaciones personales y vivir de forma satisfactoria. Aunque algunas personas sean muy autónomas e independientes, necesitan de una u otra forma la calidad de sus relaciones sociales para gozar de un estado de ánimo sano.

El bienestar general de una persona depende en gran medida de la calidad de sus vínculos con los demás. De ahí que incluso los médicos definan la salud como el bienestar físico, psicológico y social. Por tanto, la soledad es un factor perjudicial para la salud social, que provoca consecuencias negativas en la psicológica, como la tristeza. La salud de una persona está expuesta a sufrir daños según las relaciones sociales que establezca; si éstas no son satisfactorias, los sentimientos de soledad no tardan en aparecer.

Actualmente, en nuestra sociedad existe un caldo de cultivo con los ingredientes necesarios para que los vínculos personales sean algo débiles, lo que desemboca en un sentimiento de soledad sutil pero constante para algunas personas que, aunque compartan tiempo con los demás, pueden sentirse solas por no tener excesiva confianza en sus relaciones.

La soledad deseada (o sentirse bien en soledad)

El sentimiento de soledad no siempre es dañino. En algunos casos se puede elegir destinar parte del tiempo a realizar tareas en solitario como opción personal. En este caso se trata de una soledad buscada que nada tiene que ver con sentimientos de tristeza, sino que puede ser muy gratificante porque fomenta el bienestar emocional. En definitiva, se trata más bien de gozar de momentos de intimidad más que de soledad.

Cuando una persona decide disponer de tiempo para sí se trata de alguien que goza de estar sin la compañía de los demás durante un tiempo limitado. Se trata de momentos dedicados a uno mismo que pueden ser necesarios e imprescindibles para fomentar el bienestar personal, lo que indica que se es capaz de estar sin otras personas, señal de autonomía e independencia.

La soledad deseada o autonomía no es sólo una opción, resulta recomendable para cualquiera. Gozando de esta libertad personal se puede elegir qué es lo que más apetece en ese momento sin necesidad de dar explicaciones a nadie, que es lo mismo que quitarse todas las obligaciones de encima, aunque sea sólo por unas horas. Todo el mundo debería reservar ciertos momentos de intimidad para uno mismo. Incluso existen personas que han hecho de la soledad deseada un estilo de vida: es el caso los “singles” que han elegido llevar una vida más independiente, o las personas que gozan viajando solas o, incluso, los que prefieren realizar tareas en solitario en su tiempo libre.

A pesar todo, y de la importancia que tiene saber y poder gozar de tiempo para uno mismo, no debe caerse en el aislamiento. Disfrutar de tiempo personal para sentirse bien puede beneficiar a la salud psicológica siempre que no suponga un abuso y se descuiden los vínculos que unen a las personas cercanas. La autonomía no debe ser sinónimo de aislamiento. Cuidar y mantener las relaciones existentes siempre es una buena inversión.

Cuando la soledad afecta

Sin embargo, la soledad no deseada suele estar relacionada con emociones negativas que vienen motivadas por circunstancias que la persona no ha elegido.

Cuando no se tienen vínculos con los demás o éstos son superficiales, suelen aparecer sentimientos de tristeza que afectan al estado de ánimo y que disminuyen la motivación para relacionarse. Aislarse socialmente no es, normalmente, un deseo. Hay personas que optan por no relacionarse en exceso pero desearían tener vínculos sociales satisfactorios, aunque algo les impide relacionarse con normalidad.

Otro tipo de soledad, aunque pueda parecer algo contradictoria, es la de estar con otras personas pero con la sensación de no sentirse parte del grupo. Suele ocurrir cuando alguien se guarda para sí la información que le gustaría compartir con los demás, pero que de algún modo no encuentra la forma de hacerlo. Este es un tipo de soledad bastante frustrante porque no permite el goce de una relación íntima que aporte seguridad. Es habitual en personas que se guardan sus problemas para sí mismas, bien porque no tienen la suficiente confianza para compartirlos o porque les falta asertividad para hacer respetar sus puntos de vista.

Compartir las emociones y los sentimientos y hacer partícipes a los demás de una parte de la intimidad personal fomenta los vínculos con los demás. Cuando se comparte con los demás algo más que compañía, el sentimiento de soledad disminuye en beneficio del bienestar social y psicológico.

Los psicólogos consideran que alguien está solo cuando no mantiene comunicación con otras personas o cuando percibe que sus relaciones sociales no son satisfactorias. Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.

Se puede definir la soledad como la diferencia entre el nivel de contacto social que deseamos y el que realmente alcanzamos. Por eso, resulta difícil establecer lo que es una persona “solitaria”, porque de hecho este perfil depende en gran parte de lo que cada individuo considera como “estar solo”.

Sin embargo, sí existe un factor decisivo que determina la soledad real: la calidad de las relaciones personales, y no su cantidad. La ausencia de familiares y amigos cercanos es, por eso, un hecho grave que puede afectar a la salud advierten los investigadores.

El tema ha cobrado enorme importancia, ya que tiene una alta incidencia. El 35% de la población de entre 25 y 40 años vive sola. La soledad también se considera como uno de los posibles factores que causan otros desórdenes. Entre ellos depresión, suicidio y graves problemas médicos, como las enfermedades cardiovasculares.Tambien según los últimos estudios el sistema inmunologico se ve afectado por situaciones prolongadas de soledad. En las encuestas para determinar los factores que más contribuyen a la felicidad humana, los encuestados siempre citan la conexión con los amigos y el amor familiar, la intimidad, la riqueza social-la afiliación por encima o por la fama,incluso por encima de la salud física.

La soledad refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.

Sufren de soledad los individuos que tienen carencia de:

  • Oportunidad de expresar sentimientos íntimos a otra persona
  • Un grupo de amigos del cual sentirse parte
  • Alguien que necesite de su amor
  • Alguien que lo desee físicamente
  • Personas con quienes compartir valores e intereses
  • Amigos para compartir actividades recreativas
  • Relaciones en el trabajo
  • Un sentido de confianza en los amigos íntimos
  • Intimidad física en forma regular

Es importante destacar que existe la soledad crónica en aquellas personas que no han sido capaces de establecer relaciones satisfactorias por un período de varios años y por lo menos a través de dos etapas de su vida, como podrían ser la adolescencia y la adultez joven; o la adultez joven y la edad madura. También existe la soledad temporal, que incluye un estado de ánimo breve y ocasional de soledad, por ejemplo después del trabajo, o durante los fines de semana.

Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean. Para que la vida tenga sentido todos necesitamos una estabilidad afectiva, lo que no significa que haya que tener pareja o vivir según modelos establecidos. Estar solo es bueno, y disfrutar de la propia soledad está muy bien, pero llega un punto en el que también necesitamos proyectar nuestra energía y proyectos para un bien común porque somos seres relacionales. La estabilidad afectiva nos permite confiar que somos aceptados por el grupo, que lo que somos y lo que hacemos está bien recibido, y eso nos da mucha libertad y tranquilidad.

Es paradójico el hecho de que vivimos en sociedades masificadas y sin embargo a veces nos sentimos tremendamente solos. Te puedes sentir solo en medio de la Plaza Catalunya, o comiendo en familia el día de Navidad. Pero este sentimiento no tiene que ver con el estar solo o no, sino con la proximidad que tienes con las personas. Una persona puede estar aislada, en un refugio de montaña, pero sentirse acompañada porque sabe que alguien piensa en ella, se preocupa, la quiere, y está pendiente de si las cosas le van bien o no. Hay que diferenciar entre la soledad física y la emocional.

La soledad social es la de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean. Plantamos un muro a nuestro alrededor y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como “no me entienden”, “cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada”. Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz.

Por naturaleza, somos criaturas sociales, y si bien, uno puede llegar a negarse a esta demanda en determinadas ocasiones, no puede vivir sin un contacto significativo con otras personas, por lo menos, con una sola persona. Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos.

Origen:  Sólo sé que no sé nada

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